He vivido toda mi vida en una masía catalana con más de cuatro siglos de historia. Siempre me ha parecido que esta casa resume quién soy. Durante generaciones ha sido el punto de encuentro entre dos mundos: la tradición de la pagesía catalana y la modernidad que llegó con el ferrocarril, la industria y los cambios sociales. Me gusta pensar que yo también habito ese límite. Mi trabajo nace precisamente de ese cruce entre lo antiguo y lo contemporáneo, entre la cultura clásica y la cultura pop, entre lo sagrado y lo cotidiano.
Con el tiempo comprendí que la primera figura que mitifiqué no fue un dios ni una celebridad, sino mi propia casa. Crecí rodeado de su historia, de las generaciones que la habitaron y de la sensación de que ciertos lugares adquieren una presencia que va mucho más allá de su función. Esa experiencia despertó mi interés por comprender cómo construimos los mitos y por qué determinadas personas, objetos o espacios acaban convirtiéndose en símbolos capaces de definir nuestra identidad.
Vista aérea de la casa “Can Ros del Tren” realizada el año 1982.
Captura de pantalla de la app Maps de la vista aérea de la casa “Can Ros del Tren” realizada el año 2022.
Mi pintura investiga precisamente ese fenómeno. En ella conviven la mitología grecorromana, la iconografía cristiana, el folclore catalán y los referentes de la cultura popular que han marcado mi imaginario. Me interesa establecer un diálogo entre Apolo y Taylor Swift, entre Sant Jordi y Lana Del Rey, entre una urraca y las Musas, porque todos ellos forman parte de una misma necesidad humana: la de proyectar significado sobre aquello que admiramos.
La figura de la urraca representa, para mí, esa forma de entender la creación. Desde pequeño la he sentido como un animal ligado a la inspiración, una mensajera de las Musas que recoge aquello que brilla para transformarlo en algo nuevo. Del mismo modo, mi trabajo consiste en observar, recopilar imágenes, relatos y símbolos procedentes de épocas muy distintas para construir nuevas relaciones entre ellos.
Portada y contraportada de la revista que he creado, redactado, editado y maquetado, El Nido de la Urraca (2025), donde la urraca guía la narrativa a través de la mitología, la cultura pop y la ornamentación. Una apuesta por la belleza y el exceso frente a la austeridad del minimalismo.
La pintura constituye el eje de mi práctica artística. Me interesa tanto la dimensión conceptual de la imagen como su construcción material. Por ello, mis procesos parten del dibujo, la composición y el estudio de la luz antes de incorporar el color. Entiendo la pintura como una forma de pensamiento: un lugar donde la investigación histórica, la memoria personal y la experiencia contemporánea pueden encontrarse.
Soy graduado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona y he completado el Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas. Mi labor como docente nace de la misma convicción que impulsa mi obra: el arte no solo conserva la tradición, sino que permite reinterpretarla desde el presente. Creo que la educación artística debe ayudar a los jóvenes a descubrir que sus propios referentes también forman parte de la historia cultural y que el diálogo entre patrimonio y cultura popular puede convertirse en una poderosa herramienta para construir identidad.
En el fondo, toda mi obra nace porque necesito comprender aquello que admiramos. Ya sean dioses, celebridades, animales o la casa donde he crecido, todos ellos hablan, en el fondo, de la misma necesidad humana: convertir aquello que amamos en un símbolo.
ADRIÀ PÉREZ GUTIÉRREZ, 2026