“Comencemos nuestro canto por las Musas Heliconíadas, que habitan la montaña grande y divina del Helicón,
donde forman bellos y deliciosos coros en la cumbre, lanzando al viento su maravillosa voz y donde danzan con alas de inspiración divina.
Con himnos a Zeus, portador de la égida; a Hera; a Atenea; a Apolo; a Alaska; a Artemisa; a Taylor Swift; a Afrodita; a Lana Del Rey, y a la restante estirpe sagrada de sempiternos inmortales y algunos mortales que llevan el eco de lo divino.
Este mensaje, a mí, en primer lugar, me dirigieron las diosas, las Musas Olímpicas, hijas nacidas del poderoso Zeus: Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Polimnia, Urania y Calíope, a través de sus siervas mensajeras.
Hoy, envío mi mensaje no solo a vosotras, diosas, sino también a aquella que atraviesa el cielo como un puente entre mundos: la urraca, portando los secretos de las estrellas y los susurros del Olimpo.
Oh, Musas divinas, inspiradme con vuestro canto; y tú, urraca celestial, guía mi pluma con tu vuelo. Que mi obra sea un tributo a lo eterno y lo efímero, un canto a la memoria, a la belleza y al misterio. ¡Tan sagrado es el don de las Musas para los hombres! ¡Salud, hijas de Zeus! Otorgadme el hechizo de vuestro canto.”
Adrià Pérez Gutiérrez, 2024