Una casa vella sempre serà una casa vella,
Una casa vella sempre serà una casa bella...
Una casa vella sempre serà una casa vella,
Una casa vella sempre serà una casa bella...
Esta obra representa la masía donde he vivido toda mi vida y el lugar donde nace gran parte de mi investigación artística. Más que un paisaje o una arquitectura, la entiendo como un símbolo de identidad familiar y de memoria, un espacio donde confluyen la tradición rural catalana y la modernidad que trajo consigo el ferrocarril. Con el paso del tiempo, comprendí que la primera figura que mitifiqué no fue un dios ni una celebridad, sino mi propia casa.
La pintura forma parte de una investigación más amplia sobre la construcción del mito a partir de los espacios cotidianos. Me interesa analizar cómo un lugar puede convertirse en un icono a través de la memoria, la repetición y la experiencia compartida. En este sentido, Can Ros del Tren se sitúa al mismo nivel que otras figuras presentes en mi obra, demostrando que la mitificación no pertenece únicamente a los relatos clásicos o a la cultura popular, sino también a la historia íntima de una familia.
Paralelamente al trabajo pictórico, desarrollo una investigación de archivo sobre la historia de la masía, recopilando documentación histórica, fotografías familiares, planos y registros que permiten reconstruir su evolución desde el siglo XVI hasta la actualidad. Este trabajo documental complementa mi práctica artística y establece un diálogo entre la investigación histórica y la pintura, entendiendo ambas como herramientas para conservar, reinterpretar y transmitir la memoria.
La obra no pretende reconstruir fielmente un edificio, sino representar el valor simbólico que este ha adquirido con el tiempo. Pintar la casa es, para mí, una forma de volver sobre ella una y otra vez, de observarla desde nuevas perspectivas y de comprender cómo un lugar cotidiano puede llegar a convertirse en un mito personal.
Acrílico sobre tela en bastidor, 150 × 81 cm, 2025.