ADRIÀ PÉREZ. Deidades artísticas: Apolo y Atenea (2025). Acrílico sobre tela, 150 × 97 cm.
ADRIÀ PÉREZ. Deidades artísticas: Apolo y Atenea (2025). Acrílico sobre tela, 150 × 97 cm.
En esta obra exploro el origen simbólico del arte a través de dos figuras fundamentales de la mitología clásica: Apolo y Atenea. Tradicionalmente, Apolo ha sido asociado con la música, la poesía y la inspiración artística, mientras que Atenea representa la sabiduría, la técnica y el conocimiento artesanal. Juntos encarnan dos dimensiones esenciales de la creación: la emoción y la razón, la inspiración y el oficio.
Más que una representación mitológica, la obra plantea una reflexión sobre cómo las sociedades han utilizado los mitos para explicar fenómenos complejos y transmitir valores culturales. En este sentido, Apolo y Atenea funcionan como símbolos de dos maneras de entender el arte que todavía permanecen vigentes: por un lado, la idea romántica del artista inspirado y guiado por la pasión; por otro, la concepción del arte como resultado del aprendizaje, la experiencia y el dominio técnico.
Formalmente, la pintura está influenciada por el claroscuro barroco y especialmente por la tradición caravaggista. La luz no actúa únicamente como un recurso visual, sino como una herramienta conceptual que modela las figuras y refuerza el diálogo entre ambas deidades. El contraste entre luz y sombra me permitió construir una atmósfera teatral que remite a la dimensión simbólica y atemporal del mito.
Esta obra fue especialmente importante dentro de mi proceso de investigación porque supuso un cambio en mi manera de pintar. Hasta ese momento, gran parte de mi trabajo se apoyaba en una presencia intensa del color como vehículo de exaltación y mitificación. Sin embargo, durante la realización de Deidades Artísticas: Apolo y Atenea sentí la necesidad de reducir los elementos al mínimo y centrarme en aquello que sostiene la pintura desde su estructura más básica: la luz, el volumen y la composición.
Por ello, el proceso comenzó con una serie de bocetos y estudios preparatorios realizados en grisalla. Trabajar inicialmente sin color me permitió analizar las relaciones lumínicas, comprender la construcción de los cuerpos y establecer una base sólida para la obra final. Posteriormente, el color fue incorporándose de manera gradual, no como un elemento dominante, sino como una capa de memoria y significado que se deposita sobre la estructura previamente construida.
En este sentido, la metodología empleada refleja la propia reflexión conceptual de la obra. Del mismo modo que Apolo y Atenea representan dos formas complementarias de entender el arte, el proceso pictórico oscila entre la intuición y el análisis, entre la emoción inicial y la construcción consciente de la imagen. La pintura deja de ser únicamente una representación del mito para convertirse también en una investigación sobre cómo se construyen las imágenes, los símbolos y las ideas que les dan sentido.